lunes, 31 de octubre de 2011

Cultive esta flor…



Se cuenta que cerca del año 250 a.C., en la antigua China, un príncipe de la región norte del país, estaba a las vísperas de ser coronado Emperador, pero, de acuerdo con la ley, debía casarse.

Sabiendo esto, decidió hacer una “disputa” entre las jóvenes de la corte o quien quiera que se creyese digna de su propuesta.

Al día siguiente, el príncipe anuncio que recibiría, en una celebración especial, a todas las pretendientes y lanzaría el desafío.

Una vieja señora, sierva del palacio desde hacía muchos años, oyendo los comentarios sobre los preparativos, sintió una leve tristeza, pues sabía que su joven hija alimentaba un sentimiento de profundo amor por el príncipe.

Al llegar a casa y relatarle el hecho a la joven, se espantó al ver que pretendía ir a la celebración, y preguntó incrédula:

_ Mi hija, qué es lo que harás allá? Estarán presentes todas las más bellas y ricas jóvenes de la corte.

Quítate esa idea insensata de tu cabeza, sé que debes estar sufriendo, pero que el sufrimiento no se transforme en una locura.

A lo que la hija respondió: _ No, querida madre, no estoy sufriendo, y mucho menos loca, yo sé que jamás podría ser escogida, pero es mi oportunidad de estar cerca del príncipe por lo menos algunos minutos, y esto ya me hace feliz-

A la noche, la joven llegó al palacio.

Allá estaban, de hecho, todas las más bellas jóvenes, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones.

Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:

_ Le daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que, dentro de seis meses, me traiga la más bella flor, será escogida como mi futura esposa y futura emperatriz de China.

La propuesta del príncipe no escapaba a las profundas tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de “cultivar” algo, sean costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes del jardín, cuidaba con mucha paciencia y ternura su semilla, pues sabía que si la belleza de las flores surgiese en la misma extensión que su amor, ella no tendría que preocuparse por el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó.

La joven intentaba de todo, usó todos los métodos que conocía, pero no había nacido nada.

Día tras día, percibía que estaba cada vez más lejos de su sueño, pero que su amor era cada vez más profundo.

Pasaron los seis meses y nada había brotado.

Consiente de su esfuerzo y dedicación la joven le comunicó a su madre que, independientemente de las circunstancias, regresaría al palacio en la fecha y hora acordada, pues no pretendía nada, más allá de algunos momentos en la compañía del príncipe.

A la hora acordada allí estaba, con su maceta vacía, junto a todas las otras pretendientes, cada una con una flor más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.

Ella estaba admirada, jamás había visto tan bella escena.

Finalmente llega el momento esperado, y el príncipe observa a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención.

Después de pasar por todas ellas, una a una, él anuncia el resultado, e indica a la bella joven como su futura esposa.

Las personas presentes tuvieron las más inesperadas reacciones.
Nadie comprendió por qué él había escogido a la muchacha que nada había cultivado.

Entonces, con calma, el príncipe esclareció:

_Esta fue la única que cultivó la flor que la transformó en digna de una emperatriz.

La flor de la honestidad, pues todas las semillas que entregué eran estériles.

La honestidad es como una flor tejida con hilos de luz, que ilumina a quien cultiva, y esparce claridad alrededor.





2 comentarios:

  1. Asombroso!!! Lindo post, es verdad la honestidad vale mas que mil palabras mas cuando la misma se demuestra con echos! La honedtidad hace al sabio humilde sin si aires de grandesa, reconociendo en todo momento el error, y la verdad. :-) me encanto linda historia!

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  2. woww lo importancia de ser sincero y tener presente que debemos hacer lo mejor para nuestro Señor. Lo demás que acontezca en mi vida será una consecuencia.

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